PUEBLOS BLANCOS DE CÁDIZ

Por En MIS VIAJES

Cádiz

es más que sus interminables playas de arena fina, sus animados chiringuitos y sus hermosos atardeceres frente al mar.

En este viaje vamos a descubrir esos hermosos Pueblos Blancos de callejuelas serpenteantes y fachadas encaladas, herencia de la arquitectura andalusí, que se derraman por las laderas de la Sierra gaditana, habitada por pinos, alcornocales y encinas

Cuando recorríamos, hace ya dos veranos, la Costa de Cádiz, nos acercamos a una de estas joyas blancas, Vejer de la Frontera, a cuyo municipio pertenece la magnífica playa del Palmar, y quedamos cautivados por su hermosura. Tras un largo tiempo en dique seco, decidimos retomar nuestra actividad viajera haciendo una ruta por los Pueblos Blancos más bonitos, en esta ocasión partiendo de norte a sur; Setenil de las Bodegas, Olvera, Zahara de la Sierra, Grazalema y por último Arcos de la Frontera.

Ilusionadísimos salimos tempranito de Córdoba, nos esperaba un día caluroso y queríamos aprovechar las horas frescas matutinas. Condujimos, dirección Málaga-Antequera,(A-45), y desde allí, cogimos el desvío a Arcos de la Frontera, en un par de horas estábamos en nuestro destino, SETENIL DE LAS BODEGAS.

Aparcamos en la parte baja del pueblo, junto al Paseo Federico García Lorca, y nos dirigimos al casco antiguo de este original municipio de origen morisco.

Y entonces, ante nuestros ojos, aparecieron las caprichosas formas rocosas de la Calle del Sol y comprendimos porque encabeza las listas de los pueblos más bonitos de España.

Las cornisas pétreas que cubren sus calles, las pintorescas casas enclavadas en la roca, las hermosas panorámicas de sus miradores, forman un conjunto sencillamente alucinante.

 


En primer lugar, antes de recorrer el pueblo, ocupamos una mesa de la terracita del Bar “la Tasca”, en la Calle Cueva del Sol, donde desayunamos de maravilla. Este establecimiento tiene su interior esculpido en la roca, lo que es muy común en las casas de Setenil.

Recorrimos la calle, a lo largo de la cual, se suceden bares y tiendecitas, y cruzamos un pequeño puente sobre el rio Trejo, para llegar a la calle Cuevas de la Sombra.

Setenil de las Bodegas esta situado en un cañón formado por la erosión del rio Guadalpurcón, que divide al pueblo en dos. Con el paso del tiempo, el cause fluvial consiguió esculpir esta característica forma de la roca, repleta de recovecos y encantadores miradores.

Su singularidad paisajística fue perfectamente descrita por Pepe Caballero Bonald, premio Cervantes 2O13.

Setenil, un asombroso reducto urbano, una alianza inverosímil entre la arquitectura y la geología”.

Setenil procede del Latín Septem Nihil, que quiere decir “siete veces nada” y hace referencia a lo duro que tuvieron que luchar los cristianos para conquistarlo. Sitiaron el pueblo hasta siete veces sin conseguirlo, claudicando por fin al octavo intento. El 21-septiembre de 1484 cayó en manos de los Reyes Católicos.

Las dos calles estrellas de Setenil son la Calle Cuevas del Sol, donde da el solecito al medio día y la Calle Cuevas de la Sombra, en donde las rocas forman un pasadizo cubierto, perfecto para resguardarte los días calurosos.

En la Calle de la Sombra se suceden pequeños establecimientos donde comprar productos típicos de su gastronomía y artesanía. Curioseamos en una tienda de cerámica y en una pequeña pastelería, para descubrir cuan poderosa es la herencia morisca en Andalucía. Continuamos el paseo por la calle Ronda, que nos llevó a la bonita Plaza de Andalucía, donde atravesando el arco por la calle Callejón, unas escaleras nos condujo a la calle Calcetas, una de las más pintorescas del pueblo.


Después de disfrutar el encanto del lugar durante un buen rato, volvimos al aparcamiento, montamos en el coche y retomamos ruta camino de Olvera.

Dejamos a nuestro paso una bella panorámica de la parte alta del municipio, dominando sobre una cascada de casas, la Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación y los restos del antiguo Alcazar-Castillo, formado por un torreón y un aljibe.

Continuamos ascendiendo por una sinuosa carretera a lo largo de 16 kilómetros, y en 25 minutos apareció la bonita silueta de Olvera dibujada en el paisaje.

Capital del Turismo Rural 2O21, este pequeño pueblo, cuyo casco antiguo fue declarado Conjunto Histórico Artístico en 1983, tiene tras de sí una densa historia.

La belleza del lugar enamoró a los musulmanes, que ocuparon estas tierras en el siglo VIII, e introdujeron el olivo, que hoy es parte fundamental de su economía y tiene denominación de origen propia.

Otro atractivo para una escapada rural a este precioso municipio, es que se encuentra dentro del recorrido, Vía Verde de la Sierra, antiguo trazado ferroviario, convertido en ruta de senderismo de referencia. Los numerosos hotelitos y casas rurales de la zona, hacen de Olvera un punto de partida ideal.

Entramos a Olvera por su lado este y tras recorrer el pueblo, cuan largo es, aparcamos en su extremo oeste, en un pequeño parking, justo a los pies de la Iglesia Parroquial de la Encarnación y del Castillo árabe.

Ascendimos por la hermosa calle Calzada, que nos llevó a una extensa plaza, donde además del templo y la fortaleza se encuentran la Oficina de Turismo, dentro del Centro Cultural de la Cilla, donde se pueden comprar los tickets para visitar la Muralla y al Museo.

La Parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación, construida sobre una antigua mezquita, fue mandada erigir por los Duques de Osuna, a finales del siglo XVIII, De estilo neoclásico, su interior alberga los pasos procesionales de las cofradías olvereñas.

La fachada principal se encuentra sobre parte de lo que se conoce como el Mirador de la Iglesia, desde donde se pueden contemplar unas bonitas vistas del pueblo y la Sierra.

El edificio de la Cilla, toma su nombre de su función como granero en tiempos de los Duques de Osuna, sus propietarios. Fue usado también como cárcel de mujeres.

Restaurado e inaugurado 1999, alberga el Museo, La Frontera y los Castillos y un Centro Culturar, además de la Oficina de Turismo.

La fortaleza fue construida a finales del siglo XII, formando parte del sistema defensivo del Reino Nazarí de Granada. Sin embargo, debido a sucesivas remodelaciones desde su toma por las tropas castellanas, el castillo posee muchos rasgos cristianos. Dentro de la fortaleza se pueden visitar las dos plantas de la torre del homenaje y el aljibe, el resto de las dependencias se han perdido.

Junto a la entrada al Castillo, un pasadizo te lleva a un recoleto cementerio, bastante bonito, que recomiendo visitar a los amantes de estos santos lugares.

Culminamos nuestra visita al Castillo en lo más alto de la muralla, desde donde las vistas del pueblo y la Serranía son sublimes. Camino del parking donde teníamos el coche, paseamos por las pintorescas calles del Barrio de la Villa, ubicado a los pies del Castillo y la Iglesia. Nos refrescamos en una terracita de la Plaza del Ayuntamiento. Y ya a bordo de nuestro carro continuamos viaje……


Próximo destino ZAHARA DE LA SIERRA

Tomamos la N-342, y en 4O minutos, habíamos recorrido los 31,4 km que nos separaban de Zahara.

Zahara de la Sierra está enclavada en la falda de la sierra del Jaral, entre los ríos Guadalete y el rio Bocaleones, en pleno corazón de la Sierra de Grazalema, a orillas del embalse de Zahara-El Gastor.

Es un destino ideal para los que les guste practicar deportes de aventura: kayak, espeleología, bicicleta, rutas a caballo, senderismo etc.

El embalse posee una bonita playa artificial y numerosos senderos que te llevan a lugares tan bellos como la Garganta Verde, un impresionante cañón de 4O metros de altura.

Antes de llegar al pueblo entramos en un chiringuito a la orilla del pantano, para captar desde allí una bellísima estampa de las aguas turquesas del embalse, con el perfil mágico de Zahara al fondo, donde destacan el antiguo castillo, encaramado en lo más alto del cerro y un racimo de casas blancas derramadas en su ladera.

La actual Zahara se fundó bajo la dominación musulmana de la Península Ibérica, de ahí su típico entramado urbano andalusí.

El Castillo, con su recuperada Torre del Homenaje, y los restos de la villa medieval con tramos de muralla, son vestigios también de esa época. Fue conquistada por los cristianos durante las campañas militares de asedio al Reino de Granada.

Para los amantes de la botánica, os diré que Zahara de la Sierra es el único municipio de la zona que tiene un bosque de pinsapos dentro de su área urbana.

Tuvimos la suerte de aparcar muy cerca del centro de este encantador pueblo, declarado Conjunto Histórico. Hay que agradecer a los zahareños, el mimo con que cuidan sus balcones floridos y las inmaculadas fachadas de sus casas.

Paseamos por la calle San Juan, donde conviven los bares con las tiendas de souvenirs y algún que otro hotelito. Al final de la calle, se encuentra la pintoresca Plaza del Rey, en la que destacan el Ayuntamiento, un mirador y la Iglesia de Santa María de Mesa, una muestra de la arquitectura andaluza de la segunda mitad del siglo XVIII.

Desde su hermosa plaza un rampa empedrada trepa a lo más alto del Castillo. Contemplamos desde el balcón, construido adaptado al terreno de la parte más alta de la fortaleza, un hermoso e inmenso horizonte que abarca el Valle del Guadalete y la Sierra de Grazalema.


Los 15 kilómetros que nos separaban de nuestro siguiente destino, GRAZALEMA, los recorrimos  por una hermosa carreterita de montaña, la CA-9O14, a través del puerto de las Palomas, llena de curvas y vistas espectaculares.

La Sierra de Grazalema, declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO, es uno de los lugares con mayor valor ecológico de Andalucía. Registra el índice de precipitaciones más alto de España. Posee una fauna y flora autóctona de un valor incalculable. Esta zona es el hábitat natural de la cabra papoya o montejaqueña, con cuya leche se elabora el queso Papoyo, todo un manjar reconocido internacionalmente.

Llegamos al medio día, y tal como nos había indicado la chica que nos había alquilado el apartamento para pasar esa noche, aparcamos en el parking de Asomaderos, junto a la plaza del mismo nombre, donde se encontraba nuestro alojamiento.

El apartamento estaba genial, en pleno centro, a dos pasos de los atractivos rincones del lugar, por lo que os lo recomiendo.

La dirección: Vivienda Rural. Plaza de los Asomaderos 54. Teléfono:6277O2617.

Tardamos unos minutos en instalarnos, e inmediatamente nos echamos a la calle en busca de un buen sitio donde darnos un homenaje culinario. La búsqueda fue breve, enseguida llegamos a una pequeña plazoleta repleta de terrazas, y en una de sus bocacalles, nos llamó la atención un restaurante que resultó ser una magnífica elección. El Torreón, que así se llama el local, sirve comida de la de toda la vida, de calidad y bien elaborada. Se encuentra en la C/ Agua, 44.

El calor empezada a apretar, así que después de la opípara comida nos retiramos a nuestros aposentos hasta que las altas temperaturas nos dieran una tregua. La opción B, era pasar la tarde en la espectacular piscina pública de Grazalema, a 5 minutos andando de nuestra vivienda, en un emplazamiento precioso.

Ya por la tarde salimos a recorrer el pueblo. En primer lugarnos asomamos al Mirador de Asomaderos, junto al parking, desde donde se ven unas sensacionales vistas de la Sierra de Grazalema. Junto al mirador se encuentra la Oficina de Turismo, en la que nos dieron un planito orientativo.

Caminando por la Avda. Alcalde, justo en la Calle Plaza Pequeña se encuentra la Iglesia de la Encarnación, construida tras la Reconquista de la villa a finales del siglo XV, sobre un antiguo templo mudéjar.

En la esquina de la Plaza admiramos la escultura dedicada al Toro de Cuerda, homenaje a la tradicional fiesta grazalemeña que se celebra el lunes siguiente a la celebridad del Carmen, obra del escultor Alfredo Fillol Talens.

A finales del siglo XVIII, los monjes carmelitas instalados en Grazalema, cristianizaron las ancestrales fiestas dedicadas al toro en esta localidad, así el “Toro del pueblo” se convirtió en el “Toro de la Virgen”, en honor a Nuestra Señora del Carmen. Una peculiaridad importante de la fiesta local es el respeto al animal, ya que maltratar al toro, tradicionalmente se ha considerado un acto de cobardía.

A dos pasos del grupo escultórico, descubrimos la hermosísima Plaza de España, donde se encuentran algunos de los edificios más representativos del pueblo. En un extremo el Ayuntamiento, en el otro la Iglesia de la Aurora, un bonito templo del siglo XVII, de estilo renacentista de transición al barroco.

Una hermosa fuente, varias bares con terrazas y gente de aquí para allá, dotan a esta plaza de un encanto especial.

Lo cierto es que no hay rincón en Grazalema que no tenga gracia, no es de extrañar, que como muchos otros de los municipios de la zona, sea considerado de los más bonitos pueblos de España.

Seguimos nuestro paseo por la hermosísima calle Mateos Gago. A lo largo de la calle se suceden preciosas casas de arquitectura tradicional grazalemeña. La torre de la iglesia de San Juan se alza grácil ante nuestra mirada. Continuamos por la no menos bella, Calle del Carmen, en la zona alta del pueblo, en cuyo fondo se vislumbra la espadaña de la Iglesia de San José.

Este edificio del siglo XVII, que formaba parte del convento de Carmelitas, alberga en su interior joyas como lienzos de un alumno de Murillo o la imagen de la Inmaculada.

Callejeando volvimos a la Plaza Chica, para ocupar una mesa de sus animadas terrazas, que empezaban a llenarse de gente.

Un animado ambiente en un entorno precioso, buenas tapas, y la  alegría de una velada estival, así transcurrió nuestra noche en Grazalema.

Amanecimos temprano, queríamos visitar Arcos de la Frontera detenidamente, sin prisas.

Dejamos a nuestro paso la idílica estampa de Grazalema siguiendo la A-372.

Esta carretera, en el corazón de la Sierra de Grazalema, recorre parajes de belleza superlativa,

!!! Que sitio más espectacular!!!

A unos pocos kilómetros de Grazalema, en dirección a nuestro destino, se encuentra Benamahoma, una pedanía de Grazalema rodeada de arroyos y jardines, un lugar que añadir a la lista para otra ocasión.

A través de las ventanillas del coche, entraban los olores embriagadores del bosque,  respirábamos frescura, naturaleza en estado puro.


Tardamos una hora en recorrer los 48 km que nos separaban de ARCOS DE LA FRONTERA.

Arcos siempre fue codiciada por todas las civilizaciones que pasaron por Cádiz: fenicios, romanos, visigodos… Su situación estratégica en lo alto de un cerro llamado la Peña, a orillas del rio Guadalete, hacían este lugar tremendamente atractivo.

Al final fueron los musulmanes los que se llevaron el gato al agua, conquistándola en el siglo VIII y convirtiéndola en un reino de Taifa. La esencia que aún hoy día conserva, es herencia de éstos conquistadores de gustos exquisitos.

Según la leyenda, fue por un descuido de Zoraida, la reina mora, que bajó una noche de luna llena a bañarse al rio, que las tropas cristianas, escondidas bajo la peña, descubrieron los pasadizos secretos que conducían al castillo, y lo asaltaron por sorpresa recuperando así el poder de Arcos. La Historia fecha la conquista de la ciudad por Alfonso X en 1255.

Dejamos el coche en la calle Corredera, a unos pasos de la iglesia de San Miguel, patrono de la ciudad, y comenzamos la ascensión en busca de las joyas que este pueblo atesora, repartidas a lo largo de las calles empedradas de su Casco Histórico, declarado Monumento Histórico Artístico

Al final de la calle Corredera, antes de continuar por la Cuesta de Belén, se encuentra el Hospital- Iglesia de San Juan de Dios. Este edificio se crea como Hospital de San Sebastián en el siglo XVI.

La iglesia, barroca, conserva la imagen más antigua de Arcos, el Cristo de la Vera Cruz (1545). A unos pasos del hospital, se ubica el Centro de Interpretación Ciudad de Arcos, en el que entramos para hacernos con el plano del Casco antiguo.

La riqueza de sus casas y palacios cuentan la grandeza de la historia del lugar, y una muestra de ello, es la Casa Palacio Conde de Águila, que descubrimos un poco más adelante, considerada una joyas del siglo XV, con una bella fachada gótico-mudéjar.

Seguimos por la calle Dean Espinoza y justo en el costado izquierdo de la emblemática Iglesia de Santa María, hallamos el Callejón de las Monjas. Pasamos bajo los arbotantes del templo, construidos en 1669 para sostener los muros de la iglesia, que empezaban a inclinarse por el peso de las bóvedas. Estos arbotantes unen la iglesia con el antiguo Convento de la Encarnación, configurando un estrecho y evocador espacio. El Convento fue capilla y hospital en el siglo XV. Posee una hermosa fachada de estilo gótico tardío.

La Basílica Menor de Santa María de la Asunción

<< Iglesia Mayor, más Antigua Insigne y Principal de Arcos>>, título concedido en 1764 por el Tribunal de la Rota, fue construida sobre los restos de una mezquita.

La fachada principal, a la que se llega subiendo la escalinata que parte de la calle Dean Espinoza, es gótico plateresca. La torre neoclásica que se puede admirar en la plaza del Cabildo,es la parte más nueva.

La calle Pesas del Reloj nos llevó a la Plaza del Cabildo, un amplio y hermoso espacio situado en el corazón del casco antiguo, en la parte más alta del pueblo.

La rodean los principales edificios de la ciudad:

  • El Ayuntamiento, donde destaca la portada en piedra, coronada por el arcángel San Miguel, patrón de la ciudad y dentro, el artesanado de Carlos IV atribuido a Goya.
  • El Castillo ducal, alcázar militar de época musulmana, aunque su aspecto actual responde a reformas realizadas en Los siglos XIV y XV.
  • En el lado opuesto a la Torre de la Basílica de la Asunción, el Balcón de la Peña Nueva, al que accedimos a través de un arco, nos dejó boquiabiertos con sus espectaculares vistas del rio Guadalete, la Iglesia de San Pedro, en el otro extremo del pueblo y la hermosa campiña.
  • La iglesia de San Pedro fue construida en el siglo XIV sobre los restos de una antigua fortaleza árabe. Su fachada principal es de estilo barroco. Su interior cuenta con elementos góticos como la bóveda de crucería.

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El Parador, ubicado en la antigua Casa del Corregidor, es otra de las edificaciones notables de la plaza, y el sitio elegido para desayunar. Disfrutamos mucho este alto en el camino, degustando las exquisiteces del buffet y contemplando las maravillosas vistas de la terraza, primas hermanas de las del mirador de la plaza del Cabildo.

El Parador es un excelente punto de partida para multitud de excursiones por esa hermosa zona.

Dirección: Plaza del Cabildo, s/n teléfono: 9567OO5OO

Después del suculento desayuno, completamos el recorrido de este enclave privilegiado. Pasamos por la Plaza Boticas, el Convento de Mercedarias, el Palacio del Mayorazgo y nos asomamos al Mirador de Abades para contemplar las vistas del Embalse.

 

Emprendimos el camino de vuelta con un cúmulo de bellas estampas y agradables sensaciones acumuladas

!!! Que excursión más bonita e enriquecedora!!!

No dudéis conocer este destino si tenéis oportunidad, lo tiene todo, Naturaleza, Historia, Arte y Gastronomía.

QUE MÁS SE PUEDE PEDIR

Escrito por Carmen Naranjo

Me llamo Carmen, soy historiadora del Arte, curiosa y viajera, y os quiero hacer partícipes de mis aventuras cotidianas en busca de momentos felices y lugares bellos.
1 Comentario
  1. Miguel Cabrera 26 julio, 2021

    Muy guay, hay que visitar estas joyas de Andalucía.
    Hoistoria pasada y actual
    Enhorabuena

    Responder

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