En esta ocasión os voy a hablar de la La bellísima y elegante Cracovia, una ciudad cargada de historia, que protagonizó unos de los capítulos más oscuros del siglo XX, pero que en la actualidad está llena de vida y muestra orgullosa un magnífico legado arquitectónico y cultural, gracias a que apenas sufrió daños en la Segunda Guerra Mundial. Fue tomada por las tropas alemanas tempranamente, en septiembre de 1939, sin resistencia local, y ese hecho la libró de ser bombardeada, al contrario que el resto de Polonia.

Los días que disfruté conociéndola, fueron, hermosos, reveladores e interesantes, y la verdad, me dejaron huella. Quedé totalmente enamorada de Cracovia.

Cracovia, a orillas del rio Vístula, fue durante gran tiempo de la historia de Polonia su capital. En 1596 le sustituyó Varsovia.

A finales del siglo X ya era un importante y próspero centro comercial, que  gozaba de privilegios. Alcanzó su máximo esplendor cuando en 1364, Casimiro III de Polonia fundó la Universidad de Cracovia.

En el siglo XVIII pasó a formar parte del Imperio Austro-Húngaro

Al finalizar la Primera Guerra Mundial se integró de la Segunda República polaca.

Después del comienzo de la Segunda Guerra Mundial y la invasión de Polonia, Cracovia se convirtió en región administrativa del Gobierno General alemán. Y lo que paso a partir de aquí os lo iré narrando a medida que os hablo de esta ciudad.


 

Su Centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1978, está dividido en tres zonas diferenciadas: La Colina de Wawel, La Ciudad medieval de Cracovia y el Núcleo medieval de Kazimiers.

Directa, desde el apartamento que había alquilado para los días que pasé en Cracovia, a unos minutos del casco antiguo, me fui a la impresionante y preciosa Plaza del Mercado, la plaza medieval más grande de Europa y el centro neurálgico de la ciudad, donde se concentra su vida diurna y nocturna. Situada en el centro histórico, alberga edificios emblemáticos como La Lonja de los Paños, de estilo renacentista, hoy día convertida en una gran galería repleta de tenderetes turísticos, la Torre del Ayuntamiento, la pequeña iglesia de San Abelardo y la Basílica.


 

La basílica de Santa María, construida en el siglo XIV, destaca con su fachada gótica de ladrillo rojo y sus dos torres de altura desigual. En su interior podéis admirar un retablo de madera del siglo XV con más 2oo figuras talladas, que con 12 metros de longitud es el más grande de Europa. También podréis ver una placa conmemorativa en honor de Juan Pablo II, que fue arzobispo de la ciudad antes de ser Papa, y figura determinante de la independencia de Polonia de la URSS.

Desde la parte superior de la torre norte, cada hora, un trompetista toca Hejnal mariacki, una melodía tradicional polaca que se trasmite por radio a todo el país, conmemorando que en el siglo XIII, un ciudadano fue asesinado mientras hacía sonar la alarma ante la llegada del ejército mongol. En verano es posible subir a Hejnal (torre norte) y disfrutar de unas bonitas vistas de la plaza y la ciudad.


 

Después de pasear por la Plaza, admirando sus edificios de colores, sus fuentes, sus puestos de flores, tomando algo en una de sus muchas  terrazas mientras observaba el ir y venir de la gente, el trasiego de los elegantes coches de caballos, en definitiva la  animada vida de esta ciudad, estuvimos callejeando por el Barrio Viejo, Stare Miasto. Recorrimos la calle florianska, una de las más animadas, repleta de tiendas, restaurantes y cafeterías, que comienza junto a la basílica de Santa María y finaliza en la Puerta Florian, una bonita torre que fue en su día una de las entradas de la antigua ciudad amurallada y da acceso a la Barbacana, fortaleza militar en perfecto estado de conservación. La muralla comenzó a construirse en el siglo XIII, fue remodelada y ampliada con el tiempo, hasta que dejó de cumplir su función defensiva, y se derribó casi por completo, construyéndose en su lugar el encantador parque Planty que rodea la ciudad vieja.


 

Paseando por los 2oo metros de muralla que se conservan, pudimos contemplar sobre sus paredes, las pinturas expuestas de los alumnos de la escuela de arte de Cracovia y de artistas locales, que dan un colorido aspecto a la zona. También pasamos por el Museo Czartoryski, fundado por la princesa Izabela Cartoryska en 1976 para preservar el patrimonio polaco según su lema “ El pasado para el futuro”.

El principal tesoro de la institución es la Dama del Armiño, de Leonardo da Vinci, que ahora se puede contemplar en el Museo Nacional de Cracovia hasta la finalización de la remodelación del Czartoryski, cuya reapertura será  en diciembre de este año.2o19

De vuelta a casa lo hicimos dando un agradable paseo por Planty hasta  la calle Grodzka, la que sería nuestra calle preferida y más transitada en los días que estuvimos en Cracovia. Dejamos a nuestro paso la Plaza de Santa María Magdalena, en la que se encuentran el Instituto Cervantes y enfrente la iglesia de San Pedro y San Pablo, construida por los jesuitas entre los siglos XVI-XVII en estilo barroco temprano. Tiene una bonita  fachada acompañada de las estatuas de los doce apóstoles. Se suelen organizar conciertos de música clásica, así que si os coincide alguno estando de visita, no os lo perdáis. La música vive con fuerza en esta ciudad, en la calle escuchas músicos que son  auténticos virtuosos. La otra iglesia de la plaza es San Andrés, de estilo románico, siglo XI, construida como iglesia fortaleza. En el siglo XVIII, su interior fue remodelado en estilo barroco, destacando su púlpito con forma de barco.

En el extremo de esta calle con la Plaza del Mercado, volvimos al parque, que  distaba apenas 1o minutos de nuestra casa, para descansar y tomar fuerzas para el día siguiente. El primer día y ya maravillados.


 

Nuestro apartamento estaba en una calle, justo enfrente de unas de las entradas del parque Planty, la que en unos minutos te lleva directamente a la Plaza del Mercado.

Después de un reconfortante descanso, salimos camino  de la Colina de Wawel, volviendo a la plaza y tomando de nuevo la calle Grodzka, que forma parte del Camino Real. En el camino recorrimos la calle de los Canónigos, paralela a Grodzka, la más eclesiástica y aristocrática de  Cracovia, y una de las más bellas. Conserva su fisonomía medieval dejando ver un hermoso conjunto de casas con fachadas decoradas y patios porticados. En esta calle está la casa donde vivió Juan Pablo II entre 1951 y 1967.

Después de un precioso paseo llegamos a la imponente Colina de Wawel, donde se ubica el Castillo Real y la Catedral.

Esta parte de la ciudad me pareció hermosísima.

La Colina de Wawel estuvo habitada desde el paleolítico y miles de años después se construyó en el lugar un castillo de estilo gótico que se convirtió en la primera residencia de los reyes de Polonia, con los años el castillo se fue remodelando y adquirió un carácter renacentista. Cuando la capitalidad del país se trasladó a Varsovia, quedó abandonado, siendo saqueado por el ejército prusiano y ocupado por los austriacos que lo convirtieron en un importante punto de defensa. Con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el palacio se convirtió en residencia del gobernador general de la Polonia ocupada por los nazis.

Hay mucho que ver en Wawel, así que decidimos visitar la Catedral y el Museo catedralicio, recorrer tanquilamente la zona y volver otro día para ver el resto.

La catedral de Wawel, también de San Wenceslao y San Estanislao, es el santuario nacional de Polonia. Tiene una historia de 1ooo años y era el lugar de coronación tradicional de los monarcas polacos. Fue construida entre 132o y 1364, es una iglesia gótica de tres naves con transepto, ábside y deambulatorio. Posteriormente se añadieron 18 capillas funerarias de estilo renacentista de las que destaca la de Segismundo I,  considerada obra cumbre del renacimiento polaco. Está inscrita junto a todo el centro histórico de Cracovia, Patrimonio de la Humanidad.

La entrada a la Catedral es gratuita.

Tras visitarla, estuvimos paseando por todos los bonitos rincones y jardines de esta antigua fortificación, admirando las maravillosas vistas de el río Vístula, en cuyo margen se encuentra.


 

Nuestra siguiente visita era a Kazimierz, el barrio judío, muy cercano a la Colina de Wawel y a el casco antiguo. Justo llegando, encontramos el restaurante  Arka Noego, en su agradable patio, tomamos unos deliciosos platos de tradición polaco-israelí.

Tras disfrutar pausadamente de la comida y de un te, acompañado de unos paczki, bollos rellenos de mermelada de frutas, típicos de aquí, continuamos el camino.

Kazimierz antes de ser barrio de Cracovia, fue una villa independiente, con su gran plaza del mercado, su ayuntamiento y sus iglesias. El rey Casimiro III de Polonia, del que procede su nombre, la fundó en 1335. En esa época, estaba rodeada de murallas y ocupaba una isla. Un brazo del rio Vístula, hoy drenado, la separaba de Cracovia.

A partir de 1495, los judíos que vivían en la zona occidental de Cracovia fueron expulsados de la ciudad. El motivo aducido fue la necesidad de crear espacio para la ampliación de la Universidad. En aquel momento fueron ubicados en la villa de Kazimierz, que desde su fundación había estado habitada por cristianos, y de hecho, en este barrio judío se pueden visitar aún hoy, varias iglesias católicas del siglo XIV, anteriores a las sinagogas que posteriormente se alzaron.

Durante más de tres siglos, hebreos y cristianos convivieron en  Kazimierz amigablemente.

La villa pasó a ser barrio de Cracovia a finales del siglo XVIII, cuando el país estaba bajo el dominio del imperio Austro-Húngaro, aunque ya antes la relación era muy estrecha. En la Segunda Guerra Mundial, durante la ocupación nazi, sus habitantes fueron deportados masivamente a el gueto judío en el distrito de Podgórze, situado en la orilla sur del Vístula y finalmente, casi la totalidad de los 65.ooo residentes de esta religión, fueron exterminados.

Tras décadas de abandono, el barrio recuperó la vida, en parte, gracias al estreno de La Lista de Schindler, de Steven Spielberg.

Hoy día se ha convertido en el distrito de moda de la ciudad, repleto de tiendas, galerías de arte, pequeños museos y restaurantes.

Llegamos en primer lugar al centro del alma judía de Kazimierz, la calle de Szeroka, que es más bien una plaza alargada. Aquí se encuentran cuatro de las siete sinagogas del barrio judío. Junto a la de Remuh, están la de Popper, la Sinagoga Alta y la Sinagoga Vieja, la más antigua de Polonia, que acoge el Museo Judío de Galizia. También hay restaurantes que sirven comida kosher, locales donde escuchar música klezmer, la típica música tradicional judía, algún hotel con encanto, varias librerías situadas en edificios históricos.

Para los que tuviesen alguna duda de donde se encuentran, la plaza tiene la iconografía judía, como la estrella de David o candelabros de nueve brazos, presente en muchos de sus rincones.

Justo en medio de la calle está el Monumento al Martirio, un sencillo homenaje dedicado a los 65.ooo judíos de Kazimierz exterminados en la Segunda Guerra Mundial.

La Sinagoga de Remuh es la única del barrio, abierta al culto, que permanece en pie. Previo pago, la entrada está permitida a los no judíos. Justo detrás de la sinagoga está el Antiguo Cementerio, uno de los más antiguos de Cracovia, lugar de descanso de importantes rabinos, artistas y políticos. En sus muros hay inscripciones recordando a las víctimas del holocausto. Es lugar de peregrinaje para los judíos ortodoxos.

Nosotros visitamos la Sinagoga Vieja, al final de la calle, hoy Museo Judío, donde se expone una colección de objetos relacionados con la cultura y la religión hebrea. Kazimierz, no sólo era  el centro hebreo de la capital, llegó a convertirse también en centro espiritual y cultural judío de toda Polonia, este Museo cuenta también, como vivían las  comunidades judías de todo el país.

Su origen se remonta al siglo XV, sin embargo, el templo actual se debe a una reconstrucción realizada en 157o siguiendo los cánones de la arquitectura renacentista.

Continuamos el paseo camino de otra de las plazas de Kasimierz que no os podéis perder, La Plaza Nueva ( plac Nowy), centro del Kazimierz moderno.


 

De camino de esta plaza, vimos multitud de preciosas tiendas de moda y arte. Entramos en alguna de ellas y fue imposible resistirse al buen gusto de esta ciudad, que está patente en el diseños de moda y joyería, en la exquisitez  de trato y la elegante decoración de sus cafés y restaurantes. Si queréis daros algún capricho, este es el lugar.

Lo más característico de la Plaza Nueva es el mercado cubierto que se encuentra en su centro, construido en 19oo (Okraglak). En 1927, la comunidad judía adaptó su parte a matadero ritual de aves de corral, que funcionó hasta la ocupación alemana. Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial volvió a funcionar como mercado típico.

Hoy día, en los bajos de sus edificios hay multitud de bonitos locales donde tomar algo.

De aquí nos dirigimos a la zona de Kaizimierz donde se encuentran los edificios cristianos del barrio. La Plaza Wolnika.


 

Ni todos los judíos vivían en Kazimierz, de hecho los más ricos se volvieron a establecer en el centro histórico, ni en Kazimierz sólo vivían judíos. Cristianos y judíos convivieron aquí de forma relativamente pacífica durante siglos. Un muro separaba las dos partes: la judía al este y la cristiana al oeste. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial la población del barrio era mayoritariamente hebrea.

La que fue Plaza Mayor de la antigua villa, ubicada en la zona cristiana, hoy Plaza Wolnica, tuvo un tamaño comparable al de la del Mercado de Cracovia. En ella destaca un gran edificio blanco, el antiguo ayuntamiento, hoy Museo etnográfico, que podéis visitar gratuitamente. Aunque la Casa Consistorial siempre estuvo aquí, este edificio de estilo renacentista data del siglo XVI.

 


 

En una esquina, un poco más al norte de la plaza, está la basílica del Corpus Christi, fundada en 134o, su antigua iglesia parroquial. La decoración barroca de su interior es soberbia, el púlpito en forma de barco sustentado por sirenas, su gran altar mayor, la sillería del coro merecen la pena ser vistos.

Después de conocer los espacios más significativos del Barrio Judío, volvimos, ya avanzada la tarde, al centro, camino de casa. En el trayecto paramos para reservar la excursión a Auschwitz, en una pequeña agencia, junto a la iglesia de San Pedro y San Pablo en la calle Grodzka. Si os alojáis en un hotel, podréis contratar cualquier visita que deseéis en su recepción.

A las 9 de la mañana siguiente, un microbús nos recogía en la puerta de la agencia. Comenzamos el viaje rumbo  Oswiecim, una localidad a unos 4o km de Cracovia donde fueron construidos los campos.


 

En el trayecto, el guía que nos acompañaba nos iba introduciendo en el contexto histórico que dio origen a la creación de este complejo, formado por los tres grandes campos de trabajo, concentración y exterminio, por el que pasaron casi un millón y medio de personas durante el régimen nazi.

Visitamos en primer lugar el campo de concentración de Auschwitz I, y ya en su entrada sentí estupor, desconcierto e indignación.

El letrero de bienvenida que los prisioneros veían cuando eran conducidos a su interior decía, “ Arbeit macht frei” (el trabajo te hará libre), tremenda ironía.

El campo no es muy grande, una calle perpendicular y tres transversales, con 3o bloques numerados. La sobrecogedora exposición permanente está repartida entre los diferentes bloques y te invita a reflexionar sobre la naturaleza humana.


 

Fue construido por el ejército nazi a mediados de 194o en las cercanías de Oswiecim, ciudad que renombraron como Auschwitz. Pronto la capacidad del campo se vio superada, así que en otoño de 1941 el ejército alemán derribó parte del pueblo de Brzezinks, situado a 3 km, para construir el terrorífico campo de Auschwitz II-Birkenau.

En las exposiciones de los barracones se muestran los objetos de todo tipo, que les eran confiscados a los prisioneros, además de videos y documentos históricos. Las fotografías de los presos con las cabezas rapadas y el uniforme rayado del campo, y otras cosas que me cuesta hasta escribir y ya veréis, muestra de la magnitud de la tragedia  que aquí sucedió. Un horror que todavía impregna las paredes de este lugar como recordatorio de lo que no puede volver a pasar.

Además de las exposiciones, este campo tiene varios lugares significativos. El más devastador es la cámara de gas y crematorio I, el único en este campo. A unos pocos pasos se encuentra la horca donde fue ejecutado Rudlf Höss, comandante del campo durante casi todo el periodo desde la fundación a la liberación. Otro lugar simbólico es la plaza donde los nazi pasaban lista. En fin, un lugar terrible, lleno de recuerdos estremecedores, pero que es necesario ver para que aprendamos la lección.

Después de recorrer durante unas tres horas Auschwick I, volvimos al aparcamiento donde estaba nuestro microbús para visitar Auschwitz II-Birkenau, a tres km de donde nos encontrábamos.


 

En Birkenau sucedieron las mayores atrocidades cometidas por los nazis durante el genocidio de la Segunda Guerra Mundial. Ante la inminente llegada de los aliados, destruyeron la mayoría del campo, sólo se conservan las vías del tren, la entrada principal y algunos restos de las cámaras de gas y crematorios. Aún así, el mero hecho de imaginarlo en funcionamiento y su gran extensión, abruma.

Tras la visita, que finalizó por la tarde volvimos a nuestro vehículo camino de Cracovia todavía consternados, deseando de estar en nuestro apartamento para descansar. Había sido un día raro, pero necesario en nuestra estancia en Polonia.


 

Un nuevo día, y no podía ser más bonito, así que lo aprovechamos para  disfrutar de la ciudad y conocer los otros sitios de interés de la Colina de Wawel. Después de un suculento desayuno nos encaminamos de nuevo por nuestra calle favorita, Grodzka, dirección Wawel, donde íbamos a visitar El Castillo Real. Compramos las entradas para las diferentes  estancias que queríamos conocer: Los Salones de Estado, el Salón del Senado, Los Tesoros de la Corona y las salas de la Armería, y comenzamos la visita a este soberbio palacio renacentista, residencia desde el siglo IX de los  reyes polacos. Entramos a su espléndido patio, desde el cual se accedía a sus diferentes plantas. Por suerte no íbamos con prisas, porque recorrer este enorme edificio lleva su tiempo. Tras disfrutar de tan completísimas exposiciones, subimos a la torre Sondomierska, una de los dos torres defensivas del castillo, para contemplar unas maravillosas vistas del rio Vístula de la Catedral y el Castillo.


 

Cuando terminamos la visita, justo al lado de la salida del palacio, nos sentamos en una preciosa terraza donde comimos disfrutando de tan bonitos alrededores. La bajada de la Colina la hicimos dirección al rio para pasear por un espléndido parque, zona de recreo y deporte a orillas del Vístula. Dejamos en nuestro camino al maligno dragón, del que cuenta la leyenda, vivía en una cueva en la Colina de Wawel y se dedicaba a devorar a los ciudadanos, que no sabían como acabar con él, hasta que un zapatero decidió rellenar con azufre la piel de un cordero, el dragón devoró al animal, le entró una sed inmensa, se bebió toda el agua del Vístula y explotó. La gruta donde se supone vivía el dragón se puede visitar.

El parque, lleno de gente a todas horas, es enorme y se extiende a lo largo de la ciudad. Está bien surtido de locales y puestecillos ambulantes donde comer, beber algo o comprar algún recuerdo.


 

Antes de volver a nuestro apartamento nos acercamos a la zona moderna de la ciudad, donde está la Estación de trenes de Cracovia, la modernísima galería Krakowska Shopping Mall, un magnífico centro comercial y el Palacio de la Cultura y la Ciencia. Nuestra intención era comprar  billetes para ir a Varsovia al día siguiente.

Los billetes del tren que salía ala 8:14 am y llegaba a las 11 am.a Varsovia, nos costaron 32 euros por persona, ida y vuelta. Por cierto, cerca de la estación, frente al Palacio de Cultura, están los autobuses que van al aeropuerto.

Terminada la gestión nos encaminamos a casa, pasando por el magnífico Palacio de la Ópera.


 

Varsovia

Varsovia consiguió convertirse en la capital de Polonia en 1569, después que su rey, Segismundo III de Vasa, rey de Polonia y Suecia, trasladase su Corte junto a la capitalidad polaca, de Cracovia a Varsovia. Descrita como el “Paris del norte”, fue considerada una de las ciudades más bellas del mundo hasta que fue bombardeada en la Segunda Guerra Mundial.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Varsovia había perdido el 8o% de sus edificios, destruidos por el ejército alemán. El 1 de febrero de 1945 fue proclamada la República Popular Polaca. De inmediato se creo una oficina de reconstrucción urbana.

Muchas calles, edificios y plazas fueron restauradas en su forma original, con las aportaciones ciudadanas. Para ello, recuperaron planos antiguos, de manera que su centro histórico no distase un ápice del original destruido.

En 1989, el Barrio histórico de Varsovia fue inscrito en la lista de Patrimonio de la Humanidad.

Las visitas del Papa Juan Pablo II a su país natal en 1979 y 1983 brindaron apoyo al incipiente Movimiento Solidaridad, anticomunista.

En las elecciones de diciembre de 199o, Lech Walesa, líder de Solidaridad resultó ganador y nombrado Presidente de la República Polaca.


 

En la Estación de Varsovia cogimos un taxi, que nos llevó a la Plaza Zamkowy ( Plaza del Castillo), ubicada en pleno corazón de la Stare Miasto. En esta plaza histórica, animada y colorida, situada frente a el Castillo Real, residencia de los reyes de Polonia ( En el que se puede hacer un tour guiado) se encentra la columna de Segismundo III, con sus 23 metros de altura, todo un símbolo de la ciudad. Es el monumento no religioso más antiguo de Varsovia, Se construyó en 1664 en honor al rey que convirtió la ciudad en capital. Está rodeada por casas de bonitas fachadas. Marca el comienzo de la bulliciosa Ruta Real. Recorriéndola hasta el Palacio de Wilanow, vimos iglesias, pintorescas calles y bellos palacios. La estatua del astrónomo polaco Copérnico, pone fin a la Ruta.

A lo largo de la calle se exponen placas de cristal con reproducciones de cuadros de Canaletto, donde están representadas escenas históricas de la ciudad. Nos sentamos en bancos donde sonaba la música de Chopin, ciudadano ilustre de Varsovia. Una paseo precioso.


 

Cerca de la Plaza  Zamkowy se encuentra la Plaza del Mercado, otro lugar lleno de vida, cuya belleza se veía intensificada con el radiante día que disfrutábamos. En esta plaza, la más antigua y céntrica del casco histórico, conocimos a la protectora de la ciudad, La Sirenita de Varsovia.

Nos sentamos en una terraza para tomar algo y reponer fuerzas. los locales de las coloridas casas de la plaza, los ocupan preciosos restaurantes, que dada la fecha, estaban a rebozar, se imponía tener algo de paciencia, a la hora de esperar la comida.

Antes de volver a coger un taxi de vuelta a la estación, callejeamos por las  bonitas callejuelas aledañas donde había un ambientazo.

Llegamos a Cracovia bastante tarde, pasadas las 22:oo p.m. con ganas de estar en nuestro apartamento y descansar.


 

 PODGÓRZE

El día siguiente de nuestra visita a Varsovia lo dedicamos a conocer el distrito de Podgórze, situado en la orilla sur del Vístula. Éste fue el lugar elegido por el Régimen Alemán, para crear el 3 de Marzo de 1941, el Gueto judío de Cracovia.

La mañana era gris y amenazaba lluvia, el escenario más apropiado para recorrer los espacios donde se desarrolló la triste historia de este lugar.

En el Gueto vivieron hacinados miles de judíos de la ciudad bajo condiciones pésimas, separados del resto de la población por muros, de los que todavía se conservan algunos restos.


 

Decidimos ir dando, eso sí, un largo paseo, primero hasta Kazimierz y desde allí, cruzando al otro lado del rio, a la Plaza de los Héroes del Gueto, en el centro del barrio de Podgorze. Esta enorme y desangelada plaza está ocupada por sillas vacías que simbolizan todo lo que los judíos tenían que dejar atrás, cuando los echaban de sus casas. En una de sus esquinas está la farmacia Águila, su dueño, Tadeusz Pankiewiwicz, no judío, rechazó trasladar su negoció, cuando éste se vio integrado dentro de los límites del gueto, consciente de que si se iba, las personas recluidas, iban a estar abandonadas a su suerte. Tanto él como sus empleadas se jugaron la vida por ayudar a los confinados y contar sus historias.

Muy cerca, pero algo escondida, está la Fábrica de Oscar Schindler

Su entrada ha sido conservada igual que estaba en los años 4o del siglo pasado


 

Conocida a nivel mundial a raíz  de su aparición en la película “La lista de Schindler”, la Fábrica de Oskar Schindler ( Muzeum Schindlera) forma parte de la historia del país.

Oskar Shindler, un oportunista hombre de negocios, creó un vínculo con la SS que le permitió seleccionar judíos del campo de trabajo de Plaszow para trabajar en su fábrica de ollas, por una cantidad irrisoria. Sin embargo, a medida que conocía los  brutales procedimientos de los nazis y sus intenciones respecto a los judíos, cambió radicalmente y logró salvar del exterminio a más de 1.2oo personas.

En la actualidad la Fábrica alberga una exposición permanente titulada “ Cracovia bajo la Ocupación Nazi entre 1939 y 1945”.

El recorrido a lo largo de la fábrica muestra exposiciones, que explican mediante fotos, la plácida vida de esta elegante ciudad hasta la llegada de los nazis. Reconstrucciones del gueto ambientadas con sonidos que te transportan a ese duro periodo que los judíos vivieron en Polonia.

Documentos, mobiliario y fotografías de la fábrica de ollas.


 

Cuando salimos del Museo, recorrimos este destartalado barrio en busca de vestigios del pasado, como los restos del muro del gueto.

Volvimos caminando hasta el famoso Puente Bernatek de 13o metros de longitud que une Podgorze con Kazimierz y lo cruzamos para seguir desde el Barrio Judío, nuestro camino hasta la Plaza del Mercado


 

MONTES TATRA

No quería volver a España sin conocer el Parque Nacional de Las Montañas Tatras, que se encuentra  al sur, en la frontera entre Polonia y Eslovaquia, a unos 1ookm de Cracovia.

Zakopane, conocida como la capital de invierno de Polonia, era nuestro destino, una ciudad encantadora también en verano, con su preciosa arquitectura de madera con detalles modernistas austriacos, sus tradiciones polacas y sus maravillosos paisajes.

Para llegar hasta allí contratamos un taxi que nos costó unos 67 euros. Salimos por la mañana temprano en dirección al Condado de Tatra, donde se encuentra Zakopane. Una vez allí, tomamos un funicular para subir hasta las montañas Gubalówka y Butorowy Wierch, desde donde pudimos contemplar unas espectaculares vistas de la ciudad y el Macizo montañoso. Al ser julio, había multitudes, fueses por donde fueses, creando un ambiente festivo muy divertido. Paseamos durante un buen rato por este maravilloso enclave que incluía un mercadillo lleno de tenderetes de comida, recuerdos y hasta donde hacerte una divertida foto.

Bajamos de nuevo al pueblo, que recorrimos durante gran parte de la mañana, visitando los lugares de interés. Para comer elegimos un bonito restaurante típico polaco, el Bakowo Zohylina Niznio, y sentados en su acogedora terraza, degustamos la exquisita  gastronomía de la zona, servida por camareros vestidos con trajes tradicionales.


 

El Cementerio nacional Peksowy Bryzek es uno de los lugares más curiosos que ver en Zakopane. Aquí descansan escritores, escaladores, políticos, artistas locales y de toda Polonia. Inicialmente era el cementerio de el pueblo, pero con el tiempo se convirtió en una especie de Panteón de la patria polaca. El aislamiento de este enclave, entre las montañas, mantuvo muy fuerte el sentimiento polaco en épocas de ocupación extranjera y después, durante la opresión soviética.

Declarado monumento nacional, este cementerio es un muestrario de Arte Fúnebre polaco.


 

En los alrededores de Zakopane, en Jaszcurówka, se encuentra la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús. Esta preciosa iglesia de madera, rodeada de árboles, en el límite de un bosque, parece de cuento. Fue proyectada por el arquitecto Stanislaw Witkiewicz, uno de los creadores del estilo Zakopane y construida a principios del siglo XX.

Terminada esta visita emprendimos el camino de vuelta.

Los Montes Tatras, frontera natural entre Polonia y Eslovaquia, forman, a un lado y otro, una reserva de la biosfera, declarada Patrimonio de la Humanidad. Bordeando esta frontera, recorrimos el trayecto dirección Cracovia, a la que llegamos a última hora de la tarde, cansados y felices del nuevo descubrimiento.


 

El último día en Cracovia fue relajado, paseamos por la Plaza del Mercado, subimos a la Torre del Ayuntamiento, gótica del siglo XIII, otro monumento importante de la plaza, para disfrutar de las vistas. Bajamos a las galerías subterráneas, donde además de vestigios históricos de la plaza, se han instalado algunos bonitos bares. Recorrimos las tiendecitas de la Lonja de los Paños para comprar algún recuerdo. Y a la hora de comer lo hicimos en un  Bar de Leche, en la misma plaza.

Como colofón final, previa reserva, cenamos en el más antiguo Restaurante de Polonia, El elegante Wierzynek, y fue la mejor de las decisiones, porque comimos maravillosamente.

Al día siguiente retornábamos a Madrid.


 

RECOMENDACIONES

Viajé a Cracovia en Julio, en un vuelo de Ryanair,  Málaga –Cracovia, que me costó 82 euros, barato para ser temporada alta. En otras épocas del año son muchísimo más económicos.

Un taxi desde el aeropuerto a Cracovia cuesta unos 24 euros y tarda unos 25 minutos.

Como iba a pasar bastantes días en la misma ciudad, opte por alquilar un apartamento turístico, ideal para sentirme como en casa. Lo hice con Windu, ya había utilizado antes esta aplicación y había funcionado muy bien. La misma dueña del piso nos recogió y llevó al aeropuerto.

Antes de alquilar apartamento os recomiendo consultar plano, para poder elegir el lugar idóneo, siempre cerca de la Plaza del Mercado, donde está el mejor ambiente tanto diurno como nocturno.

Los hoteles  en Cracovia tienen muy buena relación calidad-precio. Hay bastantes en el centro histórico.

La moneda oficial de Polonia es el Zloty (PLN). 4,20 pln = 1 euro.

El cambio en las tiendas, bares etc, no es muy favorable, así que mejor usar tarjeta de crédito o cambiar en las oficinas de cambio (Kantor).

La comida polaca es muy buena, se basa en productos frescos del campo.

Para disfrutar de los platos más tradicionales os recomiendo los “Bar Mieczny”,bares de leche, herencia del pasado comunista. Son baratos y la comida deliciosa, por tan sólo 10 PLN tomas un 1ºplato, segundo y postre.

El clima en verano es cálido  y seco pero alguna vez también llueve.

Para ir a Auschwitz mejor hacer la reserva con antelación mínima de un día, sobre todo si es verano.

Escrito por Carmen Naranjo

Me llamo Carmen, soy historiadora del Arte, curiosa y viajera, y os quiero hacer partícipes de mis aventuras cotidianas en busca de momentos felices y lugares bellos.

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