CÓRDOBA

Iglesias y Palacios

Por En MIS VIAJES

Llegamos a Córdoba en coche, el día nos regala una bonita mañana de las que abundan en esta hermosa ciudad.

En esta ocasión, nuestro paseo comienza en pleno centro urbano y transcurre por hermosas plazas, alegres calles y rincones llenos de encanto que el visitante normalmente desconoce, ya que la  abrumadora belleza de la Judería y la Mezquita ocupan su atención y el tiempo de su visita.

Córdoba, sin embargo, es mucho más, la huella de su riquísima historia ha dejado bellos palacios, monumentales iglesias, un patrimonio artístico superlativo que os invito a conocer.

Os propongo, compartir conmigo el despertar de los sentidos, que provoca pasear por esta evocadora ciudad.

Después de dejar el coche en el parking del Paseo de la Victoria, frente la Mausoleo Romano, entramos en la Pastelería Roldán, en la esquina con la calle Concepción, donde nos regalamos un espléndido desayuno, !que mejor manera de empezar el día!.

A continuación, recorremos tranquilamente esta animada calle comercial hasta llegar a la iglesia de San Nicolás, frente al Bulevar del Gran Capitán.

Esta hermosa construcción, es una de las denominadas iglesias fernandinas, ya que forma parte de los 14 templos fundados por Fernando III EL SANTO, tras reconquistar la ciudad en 1236.

Posee una esbelta torre poligonal, levantada por el obispo Iñigo Manrique en en 1496, que es considerada la más bella y representativa de Córdoba.

Aunque el templo fue reformado en el siglo XVIII, incorporando a su hermoso interior imponentes retablos barrocos, conserva la primitiva impronta de los estilos gótico y mudéjar.


 

Antes de continuar por la peatonalizada calle Gondomar, repleta de tiendas de moda, avanzamos unos pasos por el Bulevar Gran Capitán para descubrir junto al Gran Teatro, la entrada al Claustro de la Colegiata de San Hipólito.

Para llegar a la portada principal de la iglesia, recorremos unos metros de la calle Alonso Aguilar, que rodea el templo, hasta llegar a la pequeña plaza de San Ignacio de Loyola.

Esta basílica fue fundada en el siglo XIV para conmemorar la batalla del Salado, en la que Alfonso XI de Castilla derrotó al sultán de Marruecos, que sitiaba Tarifa con la intención de invadir la península.

En el Coro de la Colegiata se guardan los sepulcros de Alfonso XI y Fernando IV.

La cabecera del templo es de estilo gótico y el resto barroco.

Perdió su rango en 1892, aunque siguió abierta.

En el siglo XIX la diócesis de Córdoba la cedió a la Compañía de Jesús en perpetuidad.


 

La calle Gondomar nos lleva directamente a la Plaza de Las Tendillas.

 

La Plaza de las Tendillas marca el límite entre el Casco antiguo de la ciudad y su zona más comercial. Debe su nombre a las muchas pequeñas tiendas artesanales que albergaba hace años.

Muy espaciosa y llena de dinamismo, está rodeada de edificios históricos, comercios y cafeterías.

En su centro se erige un monumento al Gran Capitán, estatua en bronce del escultor Mateo Inurria, cuya cabeza es de mármol blanco y reproduce al mítico torero Lagartijo.

Gonzalo Fernández de Córdoba nació cerca de Córdoba, en Montilla, fue un grandísimo militar a las órdenes de los Reyes Católicos, personaje decisivo en la conquista de  Nápoles.

Otro de los símbolos de esta plaza es el reloj flamenco, que toca los cuartos y las horas a ritmo de soleares. Situado en un edificio de la esquina con la calle Gondomar, fue inaugurado en 1961 por el alcalde de Córdoba, Antonio Cruz Conde.


 

Desde las Tendillas, girando a la izquierda, avanzamos unos metros por otra calle principal de Córdoba, Cruz Conde. Justo en la acera derecha de esta vía, la primera bocacalle, San Álvaro, nos lleva directamente a la Plaza de San Miguel.

La iglesia de San Miguel, otra de las denominadas fernandinas, es una joya medieval. Merece la pena recorrer detenidamente el perímetro de este hermosísimo templo gótico-mudéjar erigido entre el último tercio del siglo XIII y el primer cuarto del siglo XV. Su fachada principal, de tres naves, posee un hermoso rosetón central. En uno de sus lados podemos admirar un arco de herradura apuntado, con dovelas decoradas con atauriques, similar a las puertas de las mezquitas, obra mudéjar de la segunda mitad del siglo XV.

En la pequeña explanada que rodea el templo, las terrazas de los bares invitan al visitante a disfrutar de las monumentales vistas, saboreando tradicionales tapas cordobesas como el delicioso rabo de toro o el flamenquín, acompañadas de un vino fino.

Sobresale entre todos los establecimientos uno de reconocida solera, La Taberna de San Miguel, donde en 1896 estuvo el Club Guerrita. Entre sus ilustres clientes se encontraron Machaquito, Manolete o Julio Romero de Torres.

José López Muños, apodado el Pisto, lleva la taberna desde 1975


 

Desde la Plaza de San Miguel, continuamos el paseo por la estrecha calle Zoilo, que nos lleva a otra más principal, Fuente Cabrera.

Antes de seguir dirección Obispo Fitero, camino de la Cuesta del Bailío, nos detenemos unos minutos en la Plaza de las Capuchinas, donde se sitúa el acceso a la iglesia del Convento de las Capuchinas.

 

El Convento de San Rafael de las monjas capuchinas, fue fundado en 1655 sobre unas antiguas casas solariegas del siglo XV, conserva el artesonado y las yeserías del refectorio, así como un sencillo y hermoso claustro, ambas obras de estilo mudéjar.

La iglesia es de estilo barroco, fue construida en 1725. La portada presenta un frontón partido con una hornacina con una imagen de San Rafael, arcángel protector de la ciudad. En su interior destaca el retablo, obra de madera dorada, realizada por el taller de Teodosio Sánchez de Rueda hacia 173O.

Rodeada de árboles, se alza en el centro de la plaza, un monumento al Obispo Osio, consejero de Constantino el Grande, que presidió el Concilio de Nicea.


 

Continuamos el paseo por una calle de las de antes, “Obispo Fitero”, estrecha, empedrada y con grandes tapias que dan a regios jardines de casas y conventos. Ya en la Plaza Cardenal Toledo, andados unos metros, y justo frente a nosotros, en la calle Ramírez de las Casas Deza, encontramos el arco de entrada al que hoy es, quizá, el hotel más bonito de Córdoba, Hotel Palacio del Bailó, edificio que formó parte en el pasado del Palacio de los Fernández de Córdoba.

 

La antigua casa solariega que ocupa el hotel, declarada Bien de Interés Culturar, conserva vestigios de una impresionante villa romana del siglo I d.C. bajo el suelo transparente de su hermosísima cafetería, de manera, que mientras tomamos un café disfrutamos de un importante yacimiento arqueológico. Un auténtico privilegio.

De nuevo en la calle, en unos pasos, nos encontramos en uno de los lugares más bonitos de la ciudad, La cuesta del Bailío.

La Cuesta del Bailío fue históricamente una de las comunicaciones entre la ciudad alta (Medina o Villa) y la baja (Axerquía), que atravesaba la muralla de origen romano.

Desde abajo, el conjunto de volúmenes, luces, tonalidades y sombras convierten a este rincón cordobés en uno de los más bellos y encantadores de la ciudad.

La cuesta salva su pendiente con 32 escalones, dos de ellos algo más anchos, a modo de rellanos en los que recuperar el resuello, pavimentados con cantos rodados; los chinos oscuros dibujan curvas y volutas sobre el fondo claro. A la derecha, la tapia del huerto de los Capuchinos extiende la colgadura vegetal de una hermosa buganvilla fucsia. A medida que subimos la cuesta surgen el crucero de la iglesia conventual de los Capuchinos, y una fuente neo-barroca de mármol negro, adosada a un blanco antepecho de mediana altura, que cierra la escalinata.

Lo mejor de esta perspectiva se encuentra arriba, la hermosa portada plateresca, obra de Hernán Ruiz, del antiguo palacio de los Fernández de Córdoba, “Casa del Bailío”, que da nombre a la cuesta.

Dicho palacio, de fachada renacentista, es un buen ejemplo de la arquitectura cordobesa de los siglos XVI al XVIII.

Durante la primera mitad del siglo XVI vivió en él, Pedro Núñez de Herrera, gran bailío de Lora, dicha dignidad determinó el nombre de la casa.

Los Marqueses de Almunia heredaron el palacio y lo vendieron en 171O, una de las partes al obispado, para que edificara el hospital de San Jacinto y la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores.

A lo largo de su historia el edificio ha tenido varios usos, hoy día alberga la Biblioteca Viva del Al-Ándalus y el Hotel Palacio del Bailío.


 

Inmediatamente después del Palacio, un angosto callejón blanco nos conduce a la Plaza de Capuchinos

La Plaza de Capuchinos, conocida también como Plaza del Cristo de los Faroles, es una de las más admiradas de Córdoba, sorprende con su grandiosa sencillez, “un rectángulo de cal y cielo”, como diría el poeta.

La Plaza de Capuchinos se abre en el siglo XVII sobre unas casas que el marqués de Almunia mantenía en la zona alta de la villa. Queda conformada con la construcción del Convento de Capuchinos en 1633 y la Iglesia de los Dolores, finalizada en 1728.

En el año 1794, se erige el monumento al Cristo de los Faroles, atribuido al cantero Juan Navarro León.

“Al anochecer se encienden los ocho faroles del monumento, cuyas tenues luces alumbran la impávida agonía del crucificado y acentúan el místico recogimiento de la plaza. Al pie de la reja protectora, los desmayados ramos de novia, las rojas lamparillas parpadeantes y los superpuestos estratos de cera consumida, revelan la devoción popular que despierta Cristo. La gente de casa transita por la acera con cierta indiferencia, pero los forasteros que se detienen ante la imagen por primera vez, tratan de prolongar ese sublime instante de emoción, no necesariamente religiosa, puede ser también estética, que ya no olvidan mientras vivan”

Tras recorrer los mágicos rincones que este pedacito de Córdoba nos regala, continuamos el paseo por la calle Carbonell y Morant, que termina en María Cristina, perpendicular a Claudio Marcelo, donde podemos admirar el Templo Romano (siglo I d.C.), ubicado junto al Ayuntamiento.

Cruzamos Claudio Marcelo para continuar por la Calle Ambrosio Morales.


 

La calle Ambrosio Morales es una de las calles que antaño fueron más importantes en la ciudad.

Comienza en la calle María Cristina y Cuesta de Luján y llega hasta la Plaza Séneca. Fue llamada la del Cabildo Viejo, porque en ella se mantuvo durante muchos años las casas consistoriales, en el solar que actualmente ocupa la Real Academia de Córdoba, en el nº 9 de la calle.

En el año 1862, el nombre de la calle cambió oficialmente al actual de calle de Ambrosio Morales. En esa época se asentaron aquí la Fonda Rizzi, el Café Suizo y se inauguró el Teatro Cómico que mantuvo funciones durante todo el siglo XIX hasta el incendio de 1892.

Ya avanzada la calle, cerca de la popular plaza Séneca, encontramos el antiguo convento barroco del Corpus Christi, cuyos claustros y galerías son recorridos hoy día, por estudiantes, futuras promesas de las artes, gracias a la La Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores.

Tras el portón del bello edificio, un encantador patio nos da paso al interior de la Fundación por el Compás del Corpus Christi.

A través de la maravillosa arcada de su fachada, decorada con frescos del siglo XVIII,  accedemos a la antigua capilla del convento, hoy salón de actos, presidida por un maravilloso mosaico romano.

Visitamos la exposición permanente “Recuerdos de Antonio Gala”, que se encuentra en su propia sede, justamente en la Sala Capitular del que antaño fuera convento.

La exposición recorre la trayectoria vital y profesional del escritor, mostrando entre otros, primeras ediciones de su obra, manuscritos inéditos, entrevistas, fotografías y objetos personales.

Calle Ambrosio Morales, 2O CÓRDOBA

Teléfono: 34 957487395

Email: info@fundacionantoniogala.org

Web: www.fundacionantoniogala.org/exposición-permanente


 

A unos pasos de la Fundación Antonio Gala, perpendicular a la calle Ambrosio de Morales, descubrimos otro rincón con encanto, la Calleja del Marqués del Villar.

 

El 13 de abril de 1717, fue asesinado en esta calle el marqués del Villar, Juan Pérez de Saavedra y Feijó. Casi un siglo después, ostentaba el marquesado Nicolás de Toledo y Aguado, que posiblemente fuera propietario de una casa en esta calleja o dueño del palacio Páez Castillejo.

Al fondo de esta estrecha vía sorprende una hermosa portada barroca, compuesta de mármoles policromados, procedente de la desaparecida iglesia lucentina de Santa Ana.

Tras la fachada, no existe templo alguno, sino el Museo arqueológico, entidad que promovió el traslado de la misma desde Lucena.

A dos pasos de la calleja del marqués del Villar otro hermoso rincón nos seduce, la Plaza de Séneca, donde termina la calle Ambrosio de Morales.

Esta hermosa plaza enmarcada por el palacete de los herederos de la familia Medina Corella, y la Taberna de la Sociedad de Plateros, exhibe, una bellísima escultura togada sin cabeza junto a una fuente, ambas de origen romano.

Hasta mitad del siglo XIX fue conocida como plaza del Conde de Zamora de Riofrio, por el imponente palacete ubicado en la misma, perteneciente a la aristocrática familia (Medina Corella).

Más tarde, en 1852, tomó el nombre del filósofo estoico, ya que la tradición oral situaba en esta zona la casa de Séneca.


 

Rodeamos la esquina del nivel bajo de la plaza, para continuar por la calle Antonio del Castillo, que nos lleva directamente a la Plaza Jerónimo Páez, donde se ubican, en una escisión de la misma, la Plaza Eliej Nahmias, la Casa del Judío, frente a ésta, el Museo Arqueológico de Córdoba y en el extremo opuesto, la bocacalle Julio Romero de Torres.

 

La Casa del Judío ubicado en plaza de Eliej Nahamias, forma parte del que fue Palacio de Medina Sidonia.

Perteneció al duque Enrique de Castilla, hijo del rey Enrique II de Castilla  y I duque de Medina Sidonia y a la dama cordobesa Juana de Souza, aunque anteriormente había sido morada de otras ilustres familias cristianas.

Al fallecer dicho duque sin descendencia en el año 14O4, el palacio pasó a poder de los Sousa, sus familiares directos por línea materna.

Este palacio de traza mudéjar, del siglo XIV, es uno de los mejores ejemplos de patrimonio histórico multicultural: romano, musulmán, cristiano y judío. Se trata de un edificio construido sobre el propio Teatro Romano de Córdoba (ocupando casi la mitad de la superficie del teatro considerado el segundo más grande del Imperio romano). Fue construido y habitado en un primer momento por árabes (en sus patios y pasadizos hay inscripciones en árabe en las que se nombra a Mahoma y Alá). Restaurado y ocupado por cristianos tras la reconquista de Córdoba por Fernando III. Pasó a manos del Sefardí de Salónica Elie J. Nahmias cuando se le averió su coche en Córdoba durante su ruta turística por Andalucía la Nochebuena de 1964.

El matrimonio quedó prendado de la ciudad y decidió comprar el palacete, conociéndose desde entonces como Casa del Judío. Su restauración quedó en manos del arquitecto Félix Hernández quien realizó la entrada por la plaza Páez de Castillejo.

La fachada original y principal del Palacio de Medina Sidonia se encuentra en el nº 3 de la calle Rey de Heredia, antiguamente llamada calle del duque.


 

 

Frente la Casa del Judío, El Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba alberga magníficas piezas de la incomparable trayectoria histórica cordobesa.

En esta plaza, llamada antiguamente de los Paraísos, se localizaba en época romana un teatro con una capacidad estimada en más de 1o.ooo espectadores, destruido por un terremoto en el siglo III. Restos de este teatro se exponen en el Museo Arqueológico, que ocupa el antiguo Palacio de los Páez de Castillejo.

Después de ocupar diferentes emplazamientos, El Museo Arqueológico de Córdoba se ubicó definitivamente en la Plaza Páez de Castillejos, en pleno Casco Histórico de la ciudad, declarado Patrimonio de la Humanidad.

Fundado en 1868, fue bajo la dirección de Ana María Vicent Zaragoza en 1959, cuando se instala en su actual sede, el hermoso palacio renacentista de los Páez de Castillejo. Por entonces sus fondos se habían incrementado significativamente, convirtiéndose en uno de los más completos de Córdoba y declarándose, tanto su edificio como sus colecciones, Monumento Histórico Artístico en 1962.

Hace unos años, se llevaron a cabo una serie de reformas para adaptar las instalaciones del museo a las exigencias de la moderna museología, y se amplió su espacio construyendo un edificio anexo al palacio, que alberga también exposiciones temporales.

Las colecciones del Museo Arqueológico de Córdoba son muy completas, todas las épocas, desde la Prehistoria hasta la Edad Media están bien representadas.

Los continuos hallazgos arqueológicos en el subsuelo cordobés, suponen una aportación continua de nuevas piezas a sus colecciones.

El Retrato de Augusto, (siglo I), Eros (siglo I-II), Baco adolecente, Capitel califal, (siglo X), Sacerdotisa Ibérica, e Mosaico de Pegaso y tantas otras hermosísimas piezas pueden ser aquí admiradas.

En el sótano del museo, un recorrido con videos explicativos alrededor de los restos del magnífico teatro romano, construido en el siglo I, nos hace viajar en el tiempo e imaginar la importancia de CORDUBA en la época de Augusto.


 

Tras recorrer, palmo a palmo, cada uno de los rincones de este espléndido museo, y quedar impactados por su riqueza artística, retomamos el paseo.

Nos acercamos al otro extremo de la plaza, donde se encuentra la calle Julio Romero de Torres.


 

Continuamos paseando por la calle Horno de Cristo, hasta doblar la esquina con Rey de Heredia, y en un par de pasos nos encontramos ante la fachada original del Palacio de Medina Sidonia.

La calle Horno de Cristo desemboca en la dedicada a Ángel de Saavedra, poeta, pintor, estadista y dramaturgo cordobés, más conocido como Duque de Rivas.

También, es éste, el espacio donde los arqueólogos sitúan el Foro de la Corduba romana.

Dos fachadas monumentales de diferentes estilos nos sorprenden, una religiosa y barroca, la de iglesia de Santa Ana, la otra, civil y ecléctica, la de la Casa Carbonell.

Las obras de la iglesia de Santa Ana duraron siglo y medio, terminándose su fachada en pleno siglo XVIII. Las carmelitas descalzas, a cuyo convento pertenece la iglesia, encontraron un poderoso benefactor, Luis Fernández de Córdoba, marqués del Carpio, cuyas armas figuran en las pechinas del crucero. Sobre el ladrillo rojizo de la fachada destaca la portada de piedra, coronada por una amplia hornacina que cobija un bello grupo escultórico, Santa Ana con la Virgen y el Niño, esculpido en mármol.


 

La Casa Carbonell, un bello edificio de estilo poco frecuente en Córdoba, pues responde al modelo conocido como hotel francés, de finales del siglo XIX, está coronado por un remate modernista con dos ces enlazadas, iniciales del nombre comercial Casa Carbonell, que realizó el traslado de sus oficinas centrales a este palacete en 19O9, adquirido un año antes al Duque de Almodóvar.

Tras años de abandono en las últimas décadas del siglo XX, el Ayuntamiento restaura el edificio que se convierte en la Sede de la empresa Vimcorsa, así como en un amplio y versátil espacio expositivo.


 

Una agradable mañana merece un buen remate, el nuestro va a ser disfrutar de la excelente cocina de El Churrasco, uno de mis restaurantes favoritos de Córdoba. Ubicado en la calle Romero 16, a unos minutos de la Iglesia de Santa Ana.

No olvidéis reservar si os apetece probar sus riquísimos platos. Teléfono: 95729O819

 

Nuestro siguiente encuentro será recorriendo en bicicleta la Vía Verde del Aceite, una ruta que transcurre por una línea ferroviaria en desuso.

Naturaleza y Diversión, que mejor combinación.

Escrito por Carmen Naranjo

Me llamo Carmen, soy historiadora del Arte, curiosa y viajera, y os quiero hacer partícipes de mis aventuras cotidianas en busca de momentos felices y lugares bellos.
2 Comentarios
  1. Miguel Cabrera 25 febrero, 2021

    Que way, excepcional descripción. Invita a lmitar el recorrido lo antes posible.
    Enhorabuena

    Responder
  2. Eva 25 febrero, 2021

    Buenisimo Carmela!
    Como tu siempre me decias…eres un encanto!

    Responder

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