Cádiz, ciudad luminosa, bautizada por Lord Byron “Sirena del Océano”,conocida popularmente como “la Tacita de Plata”, llamada también la pequeña Habana por su similitud con la capital cubana, posee un importante patrimonio histórico-artístico legado de cada una de las civilizaciones que se asentaron en ella. Sus gentes saben vivir la vida y poseen una gracia singular que transmiten en las irónicas chirigotas de su conocidísimo Carnaval.

Pasear por sus alegres calles llenas de anécdotas y referentes históricos es un placer que no nos podemos perder. En sus innumerables bares y restaurantes se degusta su riquísima gastronomía en la que los productos del mar son absolutos protagonistas.

Posee fantásticas playas y maravillosas puestas de Sol.

NO SE PUEDE PEDIR MÁS.  CÁDIZ ENAMORA


 

 

La historia de Cádiz está marcada por su estratégica situación comercial y militar a caballo entre el Océano Atlántico y el mar Mediterráneo.

Las fuentes clásicas datan su fundación tras la Guerra de Troya, entre los siglos XIII y XII a,C, por marineros fenicios procedentes de Tiro, lo que la convierte en la ciudad más antigua de Europa Occidental.

Gadir, primitivo nombre fenicio de Cádiz, que significa castillo, o recinto amurallado, fue el enclave fenicio más importante de la Antigüedad en la Península Ibérica. Fundada por estos intrépidos navegantes, su objetivo era explotar el mercado tartésico-turdetano y las ricas rutas atlánticas del estaño y el cobre.

Conocida por los griegos como Gádeira y por los romanos como Gades, es de ambas denominaciones de donde viene su gentilicio, “gaditano”. En ella se erigieron diversos templos dedicados a sus divinidades. Entre ellos destacan el de Cronos o el de Melkart, atribuido a la divinidad de Hércules y situado en el islote de Sancti Petri.

Se erigió metrópoli de las ciudades y factorías fenicias atlánticas hasta la ascensión de Cartago. A la muerte del rey Argantonio, hacia 53O a.C, estalló una guerra entre los fenicios y los tartesios. Los primeros pidieron ayuda a Cartago y su intervención provocó la extinción de la civilización tartésica.

Gadir fue aliada de Cartago en las Guerras Púnicas, tras las que reconoció la supremacía romana.


 

Las factorías de pesca gaditanas, que habían conseguido un gran renombre durante el periodo Protohistórico, fundamentalmente su salsa garum, muy solicitada en los mercados del Mediterráneo oriental, incrementan su actividad con el dominio romano, aumentando considerablemente su área de influencia comercial. Como consecuencia la población crece y la ciudad amplía sus límites. De los restos romanos que aún perviven en Cádiz destaca el teatro, localizado en el barrio del Pópulo, entre la catedral vieja y el arco de los blancos. Data de finales del siglo I a.C, y fue mandado construir por Balbo.

Con la caída del Imperio Romano, Cádiz pasará por manos de vándalos, bizantinos y visigodos. A partir del siglo VIII entrará en la órbita del mundo musulmán. Aunque Qadis, como sería denominada, sigue dedicándose al comercio, ya no estaría entre las ciudades de primer rango.


 

En 1262, Alfonso X incorpora Cádiz a la corona de Castilla. Al monarca le pareció el puerto ideal desde el que impulsar la conquista africana.

Con este fin decide reedificarla y revitalizar su comercio concediendo con el título de ciudad un régimen económico muy ventajoso. Entre los privilegios concedidos estaban el establecimiento de una Sede Episcopal y el monopolio del comercio con África. El convertirse en un punto ineludible de las rutas comerciales europeas le sirvió de base para su posterior esplendor, alcanzado con la conquista de América.

El siglo XVIII fue el siglo de oro de Cádiz, una ciudad, que favorecida por el comercio y la política borbónica, adquiere dimensiones de ciudad ilustrada. Fue sede de la Casa de Contratación y de la Flota de Indias desde 1717 por un Real Decreto, firmado por Felipe V. La prosperidad conseguida propicia más tarde la formación de una clase burguesa, liberal y revolucionaria, que asediada por las tropas napoleónicas durante la Guerra de independencia redacta la Constitución de 1812.

Cádiz siempre ha vivido mirando al mar, donde desde antaño encontró su sustento. Durante el siglo XX fue desarrollando sus infraestructuras, principalmente los astilleros, las comunicaciones y el Turismo, que hoy día es parte fundamental de su economía.


 

Llegamos a Cádiz al anochecer, invitados por unos amigos que tienen la suerte de vivir en el centro histórico de esta vibrante ciudad.

A la mañana siguiente nos despertamos con esa luz mágica gaditana que te incita a lanzarte a la calle y disfrutar la vida.

Como queríamos profundizar un poco en su historia antes de lanzarnos a la aventura, nuestra primera visita fue al Museo de Cádiz, que se encuentra en una de las plazas con más encanto de la ciudad, La Plaza de Mina.

Desayunamos en una de sus agradables terrazas, mientras disfrutábamos con la vista de los bonitos edificios y su variadas especies arbóreas: Boneteros, plátano, laurel de india, árbol del cielo, Tipuana, Bunya-Bunya y muchos otros.


 

La Plaza de Mina se encuentra sobre el antiguo huerto del convento de San Francisco. En 1838 se libera lo que fuera huerta y enfermería del convento y toda el área se convierte en plaza.

Debe su nombre al general Espoz y Mina, héroe de la Guerra de la Independencia. Con el tiempo fue perdiéndose la primera parte del nombre hasta adoptar el que hoy conocemos.

Aprovechando espacios desamortizados a los franciscanos (el ala de un claustro), el arquitecto Daura levantó el edificio que hoy acoge a la Academia de Bellas Artes, el Museo de Cádiz y la Escuela de Artes y Oficios.

Está plaza está rodeada de hermosas casas de diferentes estilos arquitectónicos, la mayoría de estilo isabelino.

Manuel de Falla nació en 1876 en el número 3 de la Plaza de Mina, donde también estuvo instalada la Sociedad Económica de Amigos del País.

Tras el desayuno entramos al Museo, que es gratuito para ciudadanos de la Unión Europea, para el resto cuesta 1,5O Euros


 

El origen del Museo de Cádiz comienza con la Desamortización de Mendizábal en 1835 y con el depósito, en la Academia de Bellas Artes de la ciudad, de una serie de pinturas procedentes de diversos conventos exclaustrados. Entre esas obras se encontraban la serie de Zurbarán procedente de la Cartuja de Jerez de la Frontera.

El hallazgo casual, en 1887, del sarcófago antropoide fenicio masculino, en los terrenos de los actuales astilleros de Cádiz, fue el punto de arranque de la colección arqueológica.

La sección de arqueología se encuentra dividida por salas, donde se recoge la evolución de la provincia gaditana desde la Prehistoria, pasando por el Gadir fenicio-púnico y hasta la Gades y Baelo Claudia romanas.

Horario: Martes-Sábados de 9.OO a 21.OO Domingos-Festivos 9.Ooa 15.OO

Entrada gratuita. WEB: http://wwwmuseosdeandalucia.es/web/museocadiz


 

Terminado de ver el Museo, ya con indumentaria playera y los bártulos correspondientes, emprendimos el camino a la Playa de la Caleta. Comenzamos el paseo por la ALAMEDA APODACA.

Este jardín de estilo regionalista debe su nombre al almirante gaditano Juan José Ruiz de Apodaca.

Protegido de los temporales, se dispone paralelo a las murallas, junto a la Bahía, y es unos de los lugares con más encanto de la ciudad.

A medida que avanzamos descubrimos una sucesión de pequeñas plazoletas adornadas con cerámicas vidriadas, fuentecillas, farolas, bancos de hierro forjado y abundante vegetación. Destacan dos enormes ficus plantados a principios del siglo XX.


 

Contemplando las preciosas vistas del Mare Nostru, protagonista principal de tantos siglos de historia, continuamos el paseo hasta el Baluarte de la Candelaria, una fortificación militar construida en 1672, protegida por un resistente muro que hace de rompeolas.

Sus cañones, antaño, dominaban y protegían el canal de acceso al puerto.

Fue cuartel, maestranza de ingenieros y palomar del servicio colombófilo del ejército.

Restaurado recientemente, en la actualidad se utiliza como espacio para actividades culturales. Su entrada es gratuita.

A unos pasos del Baluarte de la Candelaria, en la Alameda, vemos la Iglesia del Carmen.

La fachada principal de este templo es una de las más características del dieciochesco gaditano. En su interior, la calle central del Retablo Mayor alberga un baldaquino con dos cuerpos, en el principal está la Virgen del Carmen, patrona de marinos y pescadores, en el segundo un Niño Jesús de tradición montañesina. A su valor artístico hay que sumar el histórico, ya que en esta iglesia se celebró el 19 de marzo de 1812 el solemne Te Deum, en acción de gracias por la culminación de la Constitución, que fue proclamada la tarde de ese mismo día.


 

Seguimos nuestro camino acariciados por una agradable briza marina y nos adentramos en el Parque del Genovés, la zona verde más amplia del Casco Antiguo.

A mediados del siglo XIX se creó un amplio paseo arbolado, llamado de las Delicias, que desembocaba en un jardín, y avanzado el siglo, en 1892, el alcalde Eduardo Genovés acometió la remodelación definitiva, consolidando su aspecto romántico y el trazado que aún presenta.


 

El parque guarda interesantes especies de procedencia diversa, lo que lo convierte en un auténtico jardín botánico, y acoge un conjunto de pequeños monumentos entre los que destacan los levantados en honor de José Mº Pemán así como la popular fuente de los niños del Paraguas.

Nos encantó la Gruta, un pequeño lago con cascada donde conviven varias especies de aves. La entrada al parque es libre.

Junto al parque está el Parador Nacional de Turismo. Este hotel de diseño, tiene unas fantásticas vistas a la Bahía y está a un paso de la Playa de la Caleta. También nos llamó la atención el Mirador de Santa Bárbara, una construcción moderna cuya parte superior es un paseo elevado con maravillosas vistas.


 

El Castillo de Santa Catalina cierra en su extremo la Playa de la Caleta, protegiendo el frente noroeste. Es una fortificación construida en el siglo XVII sobre escollos de piedra y avanzada en el mar.

Su planta estrellada es de influencia italiana. Fue declarado Bien de Interés Cultural en 1985.

Entramos para conocer su interior, donde se pueden ver cuarteles y aljibes, originariamente de pólvora. Fue también prisión militar.

En la actualidad es un gran espacio lúdico-cultural.

Desde las aperturas de sus muros hicimos preciosas fotos de la Caleta.


 

La hermosa  Playa de la Caleta, enclavada entre los castillos de Santa Catalina y San Sebastián, es la única playa localizada en el Casco histórico de la ciudad.

En sus alrededores se encuentran la mayor concentración de yacimientos arqueológicos submarinos en lo que fue la entrada natural desde mar abierto a la Bahía de Cádiz.

Este trayecto se realizaba a través del antiguo canal Bahía-Caleta (hoy en parte desaparecido), que discurría entre la actual playa y el Puerto de Cádiz. El Canal servía de frontera natural entre las islas de Erytheia, donde se encontraba el núcleo urbano de la colonia fenicia, y Kotinoussa, y por él, las naves fenicias arribaban cargadas mercancías de la Cuenca Mediterránea.


 

En los textos clásicos se hace referencia a la existencia en esta zona de la ciudad de dos templos importantes: El primero de ellos dedicado a la Diosa Astaré,(hoy día un arrecife sumergido frente al Castillo de Santa Catalina) y el otro, dedicado a Kronos, en el islote que hoy ocupa el Castillo de San Sebastián.

Tendimos las toallas en la arena dispuestos a disfrutar de un merecido momento de relax, de la brisa marina y de un buen baño.

Llegada la hora de comer, nos decidimos por tapear en la cercana Calle de la Palma, eje central del Barrio de la Viña, barrio marinero volcado hacia la playa de la Caleta.


 

Este popular barrio debe su nombre a los viñedos aquí existentes antes de que fuera urbanizado totalmente en el siglo XVIII.

La calle de la Virgen de la Palma, presidida por la iglesia, constituye el epicentro del Carnaval y del Cádiz más castizo.

Los orígenes de este pequeño templo, levantado a mediados del siglo XVIII, están ligados a los rosarios públicos promocionados por fray Pablo de Cádiz. La devoción popular atribuye a su titular, la Virgen de la Palma, el milagro de parar las aguas ante la iglesia durante el maremoto de 1775.

Está calle, y las adyacentes, están repletas de tabernas donde tapear: Casa Manteca, una taberna abierta en 1953, es un imprescindible de la zona.

Después de comer y tras un merecido descanso continuamos el paseo hasta la Catedral Nueva.

Este templo, con su bella cúpula cubierta de azulejos dorados, que reflejan los rayos del Sol dándole una enorme luminosidad los días soleados, es visible desde cualquier lugar de la ciudad.


 

La Catedral de Cádiz es la Sede Episcopal de la Diócesis de Cádiz y Ceuta. Está situada en pleno centro histórico, casi al borde del mar.

Los gaditanos la llaman la Catedral Nueva para distinguirla de la Vieja, mandada construir por Alfonso X el Sabio en el siglo XIII y destruida en un ataque pirata inglés en el siglo XVI. Aunque fue reconstruida y rehabilitada, en el siglo XVIII, la iglesia de Santa Cruz, (catedral vieja) se quedó pequeña para las solemnes ceremonias del siglo de Oro gaditano, de modo que se decidió construir una mayor en consonancia con la importancia y prosperidad de la ciudad.

Su construcción se prolongó durante 1O6 años, de 1722 hasta 1838, lo que explica la mezcla de estilos, barroco en sus inicios y neoclásico en su final.

Posee una espectacular cripta bajo el presbiterio, que está bajo el nivel del mar, donde se encuentran enterrados gaditanos universales como Manuel de Falla. Cuando el mar está revuelto, desde aquí pueden oírse las olas golpeando el malecón.

Después de admirar el interior del templo, donde destacan las tallas barrocas de la Roldana, o la capilla de Santa Teresa, que expone la custodia procesional del Corpus Christi, subimos a la torre de poniente, una de las torres gemelas de la Catedral, de 74 metros de altura, y las espectaculares vistas panorámicas de la ciudad nos dejaron maravillados.

Tarifas: entrada general 6 euros. Descuentos pensionistas y estudiantes.

Horario: Abril a Junio de lunes a sábado de 1O.OO a 2O.OO. Domingo: a partir de 13.3O

WEB: http://www.catedraldecadiz.com


 

A unos pasos de la Catedral Nueva se encuentran la iglesia de Santa Cruz y el Teatro Romano.

Como ya os dije anteriormente, este antiguo templo de Cádiz fue mandado construir por Alfonso X el sabio tras conquistar la villa hacia 1263.

El soberano le concedió rango de Catedral.

Se levanta en la Plaza de Fray Félix, en el corazón del viejo barrio del Pópulo.

Se ubica sobre el emplazamiento de la antigua mezquita del Cádiz musulmán. La amenaza pirata durante la Edad Media, traducida en trágicos incendios, y los temporales, explican que no haya llegado a nuestros días casi nada de la construcción inicial.

En el interior de la iglesia destaca el majestuoso retablo de mármol de la Capilla de los Genoveses.

Al lado se ven los restos del Teatro Romano construido en el año 7O a.C., que puede considerarse el más antiguo y uno de los más grandes de la Península Ibérica. La entrada es libre.


 

Si algo no puedes perderte en Cádiz son sus puestas de Sol. Para disfrutar de la de ese día, volvimos a la Caleta, un marco incomparable donde la luz del atardecer embellece tanto los castillos de San Sebastián y Santa Catalina como el grácil edificio del balneario de Nuestra Señora de la Palma. Durante un rato disfrutamos de un espectacular colorido.


 

Dimos un bonito paseo hasta el Castillo de San Sebastián, en el otro extremo de la playa de la Caleta, frente al castillo de Santa Catalina.  Ubicado sobre una pequeña isla, unido a tierra con un malecón y una estrecha playita, es lugar donde los gaditanos se reúnen para hablar, merendar, tomar el aperitivo o simplemente charlar. Se podría decir que la Caleta es sitio de encuentro donde la gente de Cádiz hace vida social.

El Castillo comenzó a edificarse en 17O6. En 1739 se le dotó con 17 cañones que controlaban la entrada de la Caleta y el sur de la Bahía.

Durante el siglo XIX se construyó el malecón que lo une a tierra.


 

Se estaba poniendo el Sol en la Playa de la Caleta, cuando  volvíamos a casa de nuestros amigos. El día había sido hermoso e intenso, pero aún nos quedaban ganas de buscar un sitio encantador donde cenar.


 

Después de una buena ducha y arregladitos, salimos a dar un paseo hasta la bonita Plaza de San Juan de Dios, donde está el Ayuntamiento, a unos pasos de éste, se encuentra la emblemática Calle Plocia, la milla de oro gastronómica del casco histórico de Cádiz. De entre los muchos bares y restaurantes que se concentran en esta pequeña vía, nosotros elegimos Atxuri, un restaurante que conjuga comida vasca y andaluza, donde pedimos unas cocochas, anchoas y unos chipirones en su tinta, todo riquísimo. Rematamos la comida con un delicioso helado en la Heladería Plocia, a unos metros del restaurante.

En la calle Plocia al pie de la iglesia de Santo Domingo y junto a la fachada posterior de la Fabrica de tabaco se encuentra el monumento en bronce de Antonia Gilibert “ La Perla de Cádiz”.


 

Comenzamos el segundo día desayunando en el café Royalty ubicado en la Plaza de la Candelaria.

El Royalty es un bellísimo y romántico Gran Café de principios del siglo XX, decorado con pinturas de artistas de renombre, exquisita carpintería y escayolas originales recubiertas de pan de oro.

Desde sus amplios ventanales contemplábamos la pequeña plaza llena de encanto, mientras disfrutábamos de un excelente desayuno.

En el recoleto espacio, pérgolas cuajadas de buganvillas conviven con la elegante arquitectura isabelina que la enmarca. Un monumento de Castelar, político, historiador, escritor y presidente de la Primera República entre 1873 y 1874, recuerda su lugar de nacimiento.

El Gran Café Royalty tiene una amplia carta. Podéis elegir desayuno andaluz, americano y continental además de un magnífico brunch, si sois de los que  no madrugáis demasiado.

 

WEB: www.caferoyalty.com


 

Desde la Plaza de la Candelaria seguimos callejeando hasta la Plaza de las Flores, un colorido y animado espacio público del Casco Antiguo, próximo al Mercado de Abastos.

De forma triangular, la preside en su parte más ancha el edificio de Correos, con su llamativa combinación de ladrillos rojos y paramentos blancos.


 

En esta plaza peatonal, además de sus puestos de flores abundan las tiendas y las cafeterías con sus terrazas al exterior, y se encuentra uno de los freidores más célebres de la ciudad, Freiduría las Flores, “pescaito” frito magistralmente, tortillas de camarones, puntillitas, junto con una cervecita, manjar de dioses.

En el centro y frente a la popular calle Columela, se encuentra el monumento  a Lucio Junio Moderato Columela, amigo de Séneca y el mejor tratadista agrónomo de su época.

A unos pasos está el histórico Mercado de la Plaza de la Libertad, inaugurado en 183O.Tras diferentes reformas a lo largo de su historia, reabrió sus puertas en el 2OO9.

Dimos una vuelta por el Mercado, lleno de puestos de pescado fresco y lugareños haciendo la compra, mezclados con turista que fotografiaban el recinto, Monumento Histórico de Cádiz.

Paramos a tomar una tapita en su Rincón Gastronómico, muy popular, y con gran variedad de platos.


 

Camino de la Plaza de San Antonio pasamos por el Gran Teatro Falla, ubicado en la Plaza Fragela, junto a la Casa de las Viudas y la Facultad de Medicina.

Es un edificio neomudejar construido a finales del siglo XIX. Todos los años, en febrero, se celebra aquí el Concurso de Agrupaciones del Carnaval de Cádiz. El resto del año tiene una Temporada de Otoño y otra de Primavera, con espectáculos como obras de teatro o conciertos.

WEB: www.teatrofall.com

Recorrimos también la Plaza del Mentidero, un espacio triangular y alargado, que debe su nombre, a que según cuentan, aquí se reunían los desocupados para hacer circular todo tipo de rumores y falsas noticias, esto demuestra que las “FAKE NEWS” siempre han existido.


 

Pasamos por la hermosa Plaza de San Antonio, uno de los centros neurálgicos de la ciudad.

En esta plaza se encuentra la iglesia de San Antonio, enmarcada por sus dos vistosas torres. En su interior destacan la imagen de la virgen del Patrocinio, la de San Antonio y San Francisco de Paula, todas ellas tallas relacionadas con la producción de Pedro Roldán, así como el Retablo perteneciente a la cofradía del Cristo de la columna.

Otro bello edificio de esta plaza es el Casino de Cádiz.

El edificio que ocupa actualmente el Casino gaditano, se construyó en el siglo XVIII para residencia del marqués del Pedroso, en cuyo oratorio se veneraba el famoso lienzo de las Dos Trinidades de Murillo, actualmente expuesto en la National Galery de Londres. A partir de 1848 se convirtió en sede del Casino gaditano, institución de gran peso en la vida cultural de la época. Hoy día organiza actividades sociales, lúdicas y culturales.


 

Seguimos nuestro paseo por la Calle Ancha, la calle más importante de Cádiz y una de las más elegantes y comerciales de la ciudad.

Esta armoniosa calle llena de bellos edificios, de los que destacan la iglesia de San Pablo, el Palacio de la Mora y la Casa de los Cinco Gremios, se encuentra en el corazón del casco histórico.

Rematar la mañana viendo tiendas en esta hermosa calle peatonal nos abrió el apetito. Nos habían hablado muy bien de el Balandro, en la Alameda Apodaca 22 y hasta allí nos dirigimos para comer. Comimos de fábula, pero en la barra, porque sin reservar es imposible sentarse.

El Balandro. Alameda Apodaca 22 web: www.restaurantebalandro.es


 

Después de comer fuimos a casa para disfrutar de un merecido descanso, siestecita incluida.

Por la tarde nos fuimos a la siempre concurrida Plaza de San Francisco a tomarnos un delicioso helado en la Heladería Bajo Oº, según los gaditanos, los mejores helados de la ciudad.

Recorrimos la Calle San Francisco y de esta nos fuimos a la hermosísima Calle Sagasta, llena de tiendas y bonitas casas.


 

Esta calle es famosa por sus elegantes edificaciones, siendo la más curiosa la nº 1, una Casa Palacio del siglo XVIII, que fue Sede del Consulado británico y Embajada británica hasta finales del siglo XIX. Aquí vivió Wellesley, hermano del duque de Wellington.

La Capilla Iglesia de Servitas en la iglesia de San Lorenzo es otro de los edificios singulares de Sagasta, en su interior destaca el retablo mayor, de madera dorada, de los más logrados del barroco gaditano.

Por la noche fuimos a cenar al restaurante “ Curiosidad de Mauro Barreiro”, Calle Veedor, 1O. Cocina de diseño, rica y original. Nosotros pedimos entre otras cosas “Huevo de Dinosaurio”.

Para comer aquí, hay que reservar.

Web: www.lacuriosidaddemaurobarreiro.com Telf: 956992288


 

El último día lo íbamos a pasar en la magnífica playa de la Victoria, pero antes quisimos dar el último paseo por esta ciudad que te cautiva irremediablemente. Nos acercamos a la Plaza de España, ubicada en el borde urbano que rodea la Bahía. Todo su espacio interior se encuentra dividido en amplios parterres con caminos que convergen hacia el centro, donde se levanta uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad de Cádiz, el Monumento a las Cortes de 1812.

También podéis admirar en esta plaza, El Palacio de la Aduana, construido en el Siglo de Oro de la ciudad, el XVIII, con motivo del monopolio del comercio con las colonias americanas.


 

Desayunamos en una terraza, en la Plaza de San Juan de Dios, bonita a cualquier hora del día.

Optamos por ir en coche a la Playa de la Victoria conscientes de las dificultades para aparcar que íbamos a tener, al final no fueron tantas. Otra opción para llegar a la Victoria desde el centro histórico, es ir en Bus, el nº 1 desde la Plaza de España o el 7 desde la Caleta.


 

Camino de la Playa de la Victoria pasamos por la playa de Santa María. Protegida  de los vientos de levante, rodeada de espigones y escolleras para disminuir su erosión, la Playa de Santa María o de las Mujeres es prolongación de la Playa de la Victoria.

Un talud alto, inclinado y amurallado separa la playa del paseo y reduce los accesos a sus dos extremos.


 

La magnífica y extensa Playa de la Victoria, abierta al Atlántico, está localizada entre el espigón de escollera de la Playa de Santa Mª del Mar y el comienzo de la Playa de Cortadura.

A lo largo de su paseo marítimo se encuentran multitud de bares y restaurantes donde degustar la gastronomía local


 

Está considerada la mejor playa urbana de Europa y lleva recibiendo la Bandera Azul ininterrumpidamente desde 1987.

Pasamos parte de la mañana y la tarde disfrutando bañándonos en el Atlántico, tomando el sol sobre la dorada y fina arena, paseando y como no, comiendo frente al mar un arroz negro en el restaurante Arte Serrano.

Ya al atardecer y antes de despedirnos de Cádiz fuimos a “Marama” a probar su famoso Gyn Tonic.

Escrito por Carmen Naranjo

Me llamo Carmen, soy historiadora del Arte, curiosa y viajera, y os quiero hacer partícipes de mis aventuras cotidianas en busca de momentos felices y lugares bellos.

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